jueves, 15 de mayo de 2014
Schuster ya es historia del Málaga
Bernd Schuster se sentará mañana por,última vez e el banquillo local de La Rosaleda. Si, ha cumplido el objetivo de la permanencia con cierta solvencia, pero su equipo quedará por debajo de la décima plaza y según rezaba su contrato podía ser cortado unilateralmente por decisión del club sin derecho a indemnización alguna. En este caso han prevalecido más otros factores que los meramente deportivos.
Todos, aficionados, jugadores y directivos, conocemos a Schuster. Fue un enorme jugador, con una clase espectacular y una técnica fuera de lo común. Cuando le vi jugar por primera vez, en la Eurocopa de 1980, me pareció una figura para tener sólo veinte años. Sus pases largos, sus cambios de juego, su inteligencia... Todo eran virtudes en un rubio que se comía el mundo y ante el que se presentaba un futuro brillante. Y así fue, de su Alemania natal llegó a España y triunfó en el Barcelona. Después recaló en el eterno rival, el Real Madrid, y finalmente en la otra orilla del Manzanares vestido de rojiblanco.
Su fútbol destilaba calidad, emoción, felicidad. Pero siempre, antes o después, había algo que no podía superar: su carácter. Había abandonado la selección alemana porque se marchó de una concentración para ver nacer a su primer hijo. No volvió a vestir la elástica de Alemania. En España también tuvo sus desencuentros, tanto en Barcelona como en Madrid, por ser claro y sincero, diciendo las cosas a la cara.
Ya como entrenador, más asentado, recaló en junio en el Málaga como una apuesta de la propiedad, es decir, del jeque Al-Thani. Firmó un contrato de cinco años con múltiples cláusulas que permitían romper la vinculación sin indemnización alguna si el equipo quedaba por debajo de la décima plaza cada año. Y como se ha dado esta circunstancia la directiva ha hecho efectiva la misma. ¿Cuales sin los motivos si se ha mantenido la categoría con una plantilla de un perfil bajo?. Pues han sido unos cuantos y muy variados.
En primer lugar su enfrentamiento con la afición. Desde el primer momento, y el propio Schuster lo ha reconocido en distintas ocasiones, no ha congeniado con los socios. Ha tenido que escuchar gritos en contra por el mal juego del equipo y por los malos resultados en casa desde diciembre y nunca ha sabido congeniar con el malaguismo. En febrero, ante el Valladolid, mandó a los aficionados "a tomar por c..." cuando le gritaban por el pésimo encuentro de su equipo. Las imágenes captadas por la televisión le dejaron en evidencia. Nunca pidió perdón ni reconoció que se podía haber equivocado. Esta acción le dejó marcado casi de forma definitiva.
Posteriormente, en abril, con el equipo cerca de conseguir la salvación, lanzó sus críticas contra la directiva. Afirmó que no habían defendido al equipo durante la semana previa a un partido especial con el Villarreal y que nadie había salido a hacer declaraciones. Les ha acusado de no respaldarle públicamente en los momentos difíciles. Un nuevo disparo a la línea de flotación del club.
Finalmente, después de perder en Getafe y ante el Elche en La Rosaleda, los veteranos de la plantilla fueron su diana. Habló de escasa implicación y falta de motivación hacia los más jóvenes. Dos de los capitanes, Caballero y Weligton, le respondieron en la misma sala de prensa. Una reunión posterior de toda la plantilla "solucionó" los problemas, al menos de cara al exterior. Fue la tercera y definitiva aunque la decisión de no continuar ya había sido tomada por la directiva.
Ayer se lo comunicaron y hoy en rueda de prensa ha indicado que no le ha pillado por sorpresa y que lo esperaba "porque tenía esa sensación desde hace semanas". Ha dicho que es una decisión que se ha tomado y que debe respetarla. También ha reconocido que se lleva buenas cosas de Málaga porque le han dejado trabajar y porque ha conocido la mentalidad de Málaga. Sin embargo, aseguró que no le habían comentado los motivos.
En definitiva, mañana se cierra una etapa de once meses en el Málaga. El equipo continuará en Primera y Schuster quizá volverá a Alemania a entrenar al Eintracht de Frankfurt. Veremos como le despide la afición. Pero, con todos los problemas padecidos, el técnico alemán ha demostrado que algo sabe de fútbol.
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